mi campana de cristal

viernes 10 de julio de 2009

sí, soy yo

sé que vas a pasarte por aquí. vendrás con tus vaqueros y con el olor de tu casa en la camisa. me encanta el olor de tu casa. abrir la puerta y apretar el interruptor de la derecha.

creo que cuando acaricio tu nariz con la mía hay algo que explota. y veo volar por los aires camisetas, pantalones, cojines y muchas hojas de periódico.

y nada más. para qué.

lunes 11 de mayo de 2009

la de la celda 23



brillaré como una estrella...

lunes 2 de marzo de 2009

química

pensando, en la ventana, con un bote de pastillas en el bolso y una cama desecha pero caliente al otro lado de la pared empecé a pensar que al fin y al cabo todo es cuestión de química y palabras

son como miles de cintas de colores que juegan a enredarse y desenredarse, a volar y caer, a hacer hélices y hexágonos mientras afuera giramos como peonzas

la química me hierve: cada minuto se balancea buscando el equilibrio sobre su cuerda. las palabras me voltean: giran letras y momentos mientras el tiempo entra en la caja resonante


y afuera somos peonzas que giran sobre química y palabras

viernes 9 de enero de 2009

nueva

¿Te acuerdas de que te hablé del verbo transformar? Fue porque comprendí lo que el año pasado me estaba queriendo decir. Conseguí descifrar los mensajes. Estaban en clave. Escondidos. Mordiéndome.

Mira que a mí me gustan los mordiscos, pero claro, no todos son iguales. Y hay veces que la carne se hunde bajo los dientes y ya no hay quien se quite el cardenal.

Así que elegí el verbo, mi verbo. Había una lista muy larga, dudé, me puse la yema del dedo índice sobre la boca, señalé y me lo llevé a casa: transformar. ¿Para regalo? No, gracias, me lo llevo puesto.

Eso sí, antes de pagar, transformar me advirtió de unas cuantas cosas: puede que no sea lo que tú piensas, a veces me pongo pesado, tendrás que pasar algunas noches sin dormir, tendrás que llevarme siempre contigo…Pero mi verbo y yo estábamos hechos el uno para el otro. Déjate de tonterías y vente conmigo. Y transformar me siguió o yo a él o no sé.

Después de mucho tiempo juntos, mi verbo me recordó que su fecha de caducidad estaba cerca. A partir de ese día, sólo podríamos hablar de vez en cuando. Ya nos volveremos a ver, me dijo, además ya sabes que tengo mucho trabajo.

Transformar me dio un abrazo enorme el día que se fue, hace muy poco. No me dio pena, los dos teníamos que irnos, el trabajo estaba hecho, la transformación, completa. Tampoco fue exactamente como esperaba: no fue de repente, no se anunció con grandes avisos, no me levanté un día y sentí diferente. Pero ocurrió.

Y ahora elijo nuevos verbos. Aquí estoy, nueva con el año.

martes 9 de diciembre de 2008

Doce


El último de los doce deja frío. No me canso de mirar la ciudad, con el cielo gris, los árboles amarillos y las aceras llenas de hojas que me gusta pisotear para que crujan. Tres días seguidos de lluvia reblandecen los colchones y las cajas de cartón de la mudanza.


Nunca sabré qué sabes tú
de mi
ni en qué verdad hemos
estado juntos
ni si en ella estaremos para
siempre

Diciembre, diciembre, diciembre, tenía ganas de que llegaras. Once meses con los trastos a cuestas. Sí, he estado atenta. Sí, he dormido al descubierto en verano. Sí, he pisado los caminos. No he perdido de vista el calendario.

He oído tu nombre
pronunciado
en la lengua del mar. Y dice
que te vas

Qué bueno ha sido ver el mar y naufragar. Moverme con la marea hasta llegar diciembre. Romper ahora las cajas de la mudanza y sacar las plantas al balcón para que la lluvia las riegue. Dejar que pasaran los once anteriores, escuchar los sonidos y tirarme en picado hacia abajo, hasta diciembre. Y mientras, con los trastos a cuestas, el equipaje, mi equipaje.

miércoles 12 de noviembre de 2008

hoy me rio

Entonces yo tenía el pelo largo. En una foto de aquel mes aparezco con un vestido marrón que me ponía mucho, una copa en la mano y una sonrisa. Era todo mentira. En realidad estaba a punto de echarme a llorar. Pero no me dejaban. Andaban riendo y alborotando y parecía que no tener una sonrisa en la boca era lo peor que podías hacer esa noche. Tenía sombras en la cabeza. Recuerdo lo que pensé mientras me hacían la foto: "Cada vez que me vea en esta foto sabré que no debo volver a pasar por lo mismo". A las doce y media fui a la cocina, me tomé un par de pastillas y me fui a la cama.

Y un tiempo después, con el mismo vestido en el armario, me vuelvo a encontrar con sombras parecidas. No sé bien cómo han conseguido volver, pero sé que he ayudado a que encontraran el camino de regreso. Había olvidado la foto. Tenía otras imágenes en la cabeza, otros días presentes, una cara morena, un teatro pequeño, un libro ya viejo, una esquina, dos o tres llamadas por teléfono, unas manos que me cogían la cara, mi sonrisa en el espejo a las seis de la mañana...Pero la foto ha aparecido.


Hoy me pongo el vestido y me quito las sombras.

miércoles 29 de octubre de 2008

el suelo de mi cocina

La vida quita…y da. Teje y entreteje sus caminos de colores. Y los hilos al final son madejas que ruedan entre las patas de los gatos. Se enredan los días, se mueven para dar y quitar y volver a quitarte y a dar.

Son los azulejos de mi cocina, amarillos y blancos.
Siempre me han gustado.
Ahora que el otoño me besa en la boca, más.